¿Te apetecen unos frutos secos?

Ya sea en Navidad o en cualquier época del año, los frutos secos son una deliciosa y saludable opción para almorzar, merendar o acompañar platos o postres en tus recetas. Acompañamos a Ana Díez, médico de familia y experta en nutrición, en un recorrido para conocer sus bondades nutricionales.

 

Por Ana Díez, médico de familia y experta en nutrición

 

En los últimos años, el cultivo y el consumo de frutos secos en Castilla y León ha ido en aumento.

 

Los frutos secos son un grupo de alimentos caracterizados por tener menos de un 50% de agua en su composición. Son muy energéticos, ricos en grasas, proteínas y oligoelementos.

 

Las grasas que contienen son monoinsaturadas y poliinsaturadas, es decir, grasas con capacidad para reducir los niveles de colesterol LDL, coloquialmente llamado colesterol malo. Además, proporcionan fibra, proteínas, vitamina E, ácido fólico y minerales como magnesio, fósforo, cobre, calcio, hierro, selenio y zinc.

 

Voy a hacer un repaso por algunas de las diferentes variedades de frutos secos que podemos encontrar.

 

Almendras y avellanas

Su contenido en calcio, sobre todo en las almendras y las avellanas hace de ellos grandes aliados del crecimiento y el mantenimiento de los huesos. Alivian la fatiga y disminuyen el estrés.

 

Pistachos

Por su parte, los pistachos son una fuente natural de hierro, potasio, magnesio y calcio. Además, son ricos en grasas monoinsaturadas que contribuirán a regular tu colesterol. ¿Sabías que son uno de los frutos secos con mayor concentración de fibra (3 g./porción)? Entre sus muchas cualidades también está que son muy bajos en sodio, lo que ayuda a mantener una tensión arterial normal.

 

Nueces

Las nueces contienen importantes cantidades de omega 3, con capacidad anticoagulante, vasodilatadora y cardioprotectora.

 

¿Por qué es bueno consumir frutos secos?

 

Diversos estudios han demostrado que la ingesta de frutos secos favorece una disminución del índice de masa corporal, de la circunferencia de la cintura y de la presión arterial sistólica. Con todo ello, el índice de riesgo cardiovascular es menor. Además, son apropiados para los vegetarianos porque les aporta el hierro que no ingieren al no comer carne.

 

Es aconsejable consumirlos crudos o con poca sal y en poca cantidad, entre 3 y 7 raciones a la semana y cada ración de 20 a 30g. Y, para no elevar las calorías, es preferible no ingerirlos con chocolate, azúcar, ni sal.

 

Además son muy versátiles y cada vez se utilizan más en la cocina, no solo en postres, sino también en ensaladas, con yogures, como aperitivos y en batidos.

 

Solamente un aviso: ¡cuidado con las reacciones alérgicas y su consumo por los niños!

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